Como comenté en una de mis anteriores columnas, a nivel internacional se reconocen diferentes esquemas productivos de comercio justo. En la mayoría de estos, los productores son dueños de la tierra y de los medios de producción, por tanto reciben un precio (más justo) por sus productos. En otros, trabajadoras y trabajadores son empleados por empresas privadas o también por pequeños productores, y reciben un salario como cualquier empleado.
Este sueldo debe ser por lo menos igual al mínimo que la legislación establece para el respectivo sector productivo o a nivel nacional. Varios estudios demuestran que las organizaciones y empresas certificadas logran pagar más que el salario mínimo, pero no existe una estadística clara y exhaustiva al respecto.
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