Cuando la pobreza se interpreta como un fracaso individual y la riqueza como una bendición divina, la injusticia social corre el riesgo de convertirse en un problema espiritual, en lugar de una realidad que exige respuestas colectivas.
América Latina, Movimientos sociales, Religiones, Sistema político
La teología de la prosperidad: la fe al servicio del individualismo
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