“JESUS” Christian, como David Pino (Director de Innovación y Economía Social del Ayuntamiento de Sevilla, España) llamó a Christian Felber, autor del libro La Economía del Bien Común, y promotor del homónimo movimiento global, expresó en su famoso libro:
«Personalmente tiendo a creer que los partidos políticos son un callejón sin salida para la democracia “real”, porque destacan lo particular, no lo común. Lo que un grupo parlamentario propone lo rechazan a menudo los demás por principios, no por el contenido. La democracia de partidos promueve la competencia, pero la democracia debería basarse en un proceso cooperativo […] presiento que pronto se encontrarán caminos y procesos para que una comunidad consiga tomar decisiones sostenibles sin tener que fragmentarse o aniquilarse».
Sin embargo, todos los días, vemos que nunca se pone en cuestión la forma y estructura de los partidos, ni esta “democracia representativa”, que en realidad deberíamos llamar “partidocracia auto-representativa”.
David Pino, en el encuentro organizado por el grupo de la Economía del Bien Común en Chile, Proqualitas Consultores y Ciescoop Usach, nos mostró muchos procesos y pilotos “innovadores” actualmente en marcha en la ciudad de Sevilla… estos procesos, claramente, retoman lo que los movimientos sociales, ambientales, ciudadanos, de consumidores, de pobladores o de cooperativas vienen construyendo desde abajo hace muchas décadas, mucho antes de que las palabras “innovación”, “couching” o “empoderamiento” se convirtieran en los nuevos mensajes políticos de las autoridades más al paso con los tiempos.
Queremos innovar en lo SOCIAL, queremos innovar en los ECONÓMICO (¿dentro o fuera del mito del crecimiento económico? Aún no está claro…), queremos tocar la burocracia y ajustar las instituciones públicas… Sin embargo, nunca mencionamos a los partidos políticos como organizaciones que realmente deberíamos modernizar, democratizar o radicalmente cambiar… y no fortalecer cómo se mencionó en la apertura del encuentro. Si en lo social y en lo económico ya está muy claro que las alternativas son necesarias y muchas ya están en marcha, en lo político todo lo que no se alinea con la democracia representativa, o sea a la partidocracia auto-representativa, termina siendo un peligro o se tilda de populismo (claramente confundido con demagogia).
Como Christian Felber y muchos otros, siempre he creído que los partidos políticos son un callejón sin salida, que miran al corto plazo y a intereses de familias y no al bien común.
¿Cómo cambiar eso? ¿Será necesaria una MATRIZ del BIEN COMÚN específica para los partidos políticos, más allá de las matrices para las empresas o las autoridades locales? Con elementos clave como: rotatividad, límites en el número de mandatos, se vota el programa no el candidato, y el candidato respeta el programa o se va para la casa, las leyes las escriben los ciudadanos en plataformas online, junto con los voceros (diputados) y los voceros las presentan en el Congreso y luchan por ellas, honorarios de los voceros acordes a la realidad del país, vínculo territorial del candidato y vocero… entre otros elementos… Los partidos que suman más puntos en esta matriz, seguro conseguirán más votos. El día que todos los partidos trabajen para el bien común, nos daremos cuentas de que esta intermediación es cada vez menos relevante, porque habrá más participación ciudadana, más protagonismo popular directo y más empoderamiento de las bases.
Aterrizar la política al nivel local, municipal, es clave como mencionó David Pino… y es ahí donde hay que promover una participación política distinta, de verdad algo innovador… algo distinto al actual sistema de partido, miope y sin renovación en sus prácticas e intereses.
El bien común no se trabaja solo en lo social, económico o ambiental, sino sobre todo en lo político. Vamos a empezar por ahí, no sigamos sin considerarlo o dejándolo por último.

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